Había pasado una semana desde aquella reunión en la que Lía había podido reconocer algo que, aunque no era nuevo para ella, esa vez había logrado mirar con mayor claridad.
La paciencia y la tolerancia habían estado prácticamente ausentes de sus días.
Había juzgado, se había molestado, había querido que las cosas fueran de determinada manera y había gastado demasiada energía en situaciones que, en realidad, estaban completamente fuera de su alcance.
Pero después de reconocerlo, algo comenzó a cambiar.
No porque de pronto hubiera aprendido a controlar sus reacciones, sino porque ahora podía observarlas.
Y quizá ese era precisamente el primer paso.
Los días siguientes transcurrieron con mucha más calma.
Cada una estaba ocupada con sus propias actividades y, como suele ocurrir cuando la vida cotidiana se llena de pendientes, el chat del grupo permaneció tranquilo.
No habían hablado demasiado.
Y eso no significaba que algo estuviera mal. Simplemente cada una estaba en sus cosas.
Hasta que Vera apareció nuevamente en el grupo con uno de esos temas que de vez en cuando despertaban largas conversaciones entre ellas.
Esta vez habló sobre la luna nueva del 19 de mayo y sobre lo que, desde sus creencias y prácticas espirituales, significaba para ella ese momento.
Vera les contó que le gustaba aprovechar las lunas nuevas como una especie de pausa para revisar lo que quería sembrar en su vida.
No necesariamente porque pensara que una fecha por sí sola pudiera cambiar las cosas, sino porque esos momentos le ayudaban a detenerse, mirar hacia dentro y poner atención en aquello que quería cultivar.
Y entonces comenzó a hablarles de las afirmaciones.
Para Vera, una afirmación era una manera consciente de dirigir la atención.
Porque todos tenemos pensamientos que aparecen una y otra vez.
No voy a poder.
Seguro algo sale mal.
¿Y si sucede esto?
¿Y si no me aceptan?
¿Y si pierdo aquello que tengo?
Cuando esos pensamientos se repiten constantemente, pueden terminar ocupando mucho espacio en nuestra mente.
Por eso, dentro de sus prácticas personales, Vera utilizaba frases que le ayudaban a regresar a un pensamiento más tranquilo y consciente.
No se trataba de repetir palabras bonitas esperando que la vida hiciera todo el trabajo.
Para ella, afirmar algo también implicaba actuar de acuerdo con aquello que quería construir.
Podía decir:
“Confío en mí.”
“Puedo mantener la calma aunque todavía no conozca el resultado.”
“Estoy haciendo mi parte y puedo soltar lo que no depende de mí.”
“Confío en mis capacidades.”
“Puedo afrontar lo que venga.”
La idea no era negar los problemas ni convencerse de que todo necesariamente saldría perfecto.
Era aprender a no alimentar continuamente un escenario negativo antes de saber siquiera si iba a ocurrir.
Y justo en ese momento, Nara contó algo que tenía bastante presente esos días.
Estaba realizando el trámite para renovar su visa para cruzar a Estados Unidos.
El proceso la tenía un poco nerviosa.
Había cambiado de trabajo recientemente y eso le hacía pensar que quizá podrían ponerle alguna dificultad durante el trámite.
—Estoy un poco nerviosa —les comentó—. Me da miedo que por haber cambiado de trabajo me pongan alguna traba.
Nara ya había hecho lo que correspondía.
El trámite estaba en marcha.
Pero había una parte que ya no dependía de ella.
Y precisamente ahí comenzaban sus pensamientos.
¿Y si no se la daban?
¿Y si el cambio de trabajo era un problema?
¿Y si le preguntaban algo que no supiera responder?
¿Y si algo salía mal?
Lía leyó los mensajes de Nara y esta vez respondió desde un lugar muy diferente al de la semana anterior.
La semana anterior había estado aprendiendo a observar cuánto la afectaban las situaciones que escapaban de su control.
Ahora tenía delante una situación que le recordaba exactamente lo mismo, pero desde otro ángulo.
—Nara, confía —le escribió—. No tienes ningún motivo para pensar que no te la van a aprobar.
Nara continuó expresando sus dudas.
Y Lía insistió:
—Lo peor que puedes hacer es estar pensando todo el tiempo que algo va a salir mal. Confía. Tú hiciste lo que tenías que hacer. Ahora deja que el proceso siga.
Quizá sin darse cuenta, Lía estaba aplicando a la situación de Nara parte de lo que ella misma había comenzado a comprender durante la semana anterior.
Primero había tenido que reconocer cuánto la afectaba intentar controlar aquello que estaba fuera de su alcance.
Ahora podía ver que el mismo principio también podía aplicarse a la preocupación.
Porque preocuparse constantemente no necesariamente cambia un resultado.
A veces solamente nos hace vivir muchas veces una situación que todavía ni siquiera ha sucedido.
Y Nara lo sabía.
Pero saberlo no siempre era suficiente para conseguir que el miedo desapareciera.
A veces también había que aprender a confiar.
Confiar en lo que una es.
Confiar en lo que ha hecho.
Confiar en sus propias capacidades.
Y, sobre todo, recordar que incluso si algo no sale como esperaba, también tendría la capacidad de afrontarlo.
Quizá esa última parte era la que Nara necesitaba recordar.
Porque muchas veces dudaba de sí misma.
Dudaba de lo que tenía.
Dudaba de sus capacidades.
Y, sin embargo, ahí estaba.
Haciendo su trámite, siguiendo adelante con su vida y enfrentando una situación cuyo resultado todavía no conocía.
La conversación continuó entre las tres y, como ocurría tantas veces, terminó llevando el tema mucho más allá de la situación concreta.
Hablaron de cuántas veces hacemos exactamente lo mismo.
Queremos saber cómo terminará algo antes de haberlo comenzado.
Queremos tener la certeza de que una decisión será correcta antes de tomarla.
Queremos saber si una persona responderá como esperamos.
Queremos asegurarnos de que un proyecto funcionará.
Queremos controlar cada pequeño detalle para evitar cualquier posibilidad de equivocarnos.
Y quizá eso también era una forma de miedo.
Una necesidad de tener garantías antes de atrevernos a confiar.
Pero la vida rara vez entrega garantías.
Podemos prepararnos.
Podemos hacer nuestra parte.
Podemos tomar decisiones conscientes.
Podemos cuidar nuestros pensamientos.
Podemos elegir palabras que nos ayuden a mantenernos centrados.
Pero después llega un momento en el que toca soltar.
Y confiar.
🧘 La meditación de esa noche
Después de conversar durante un buen rato sobre lo que cada una estaba viviendo y sobre la importancia de aprender a confiar aun cuando no podemos conocer de antemano cómo terminarán las cosas, decidieron hacer una pausa.
Vera propuso realizar una meditación guiada dirigida a conectar con la Madre Tierra y, al mismo tiempo, a calmar aquellos pensamientos negativos que a veces aparecen sin que los invitemos.
Se acomodaron tranquilamente y dejaron que la voz de la meditación las fuera guiando. Poco a poco, la conversación quedó atrás. Cerraron los ojos, respiraron con más calma y permitieron que durante unos minutos su atención se alejara de las preocupaciones, de lo que todavía no sabían y de aquello que no podían controlar.
La práctica las llevó a centrar la atención en la respiración, en el cuerpo y en esa sensación de estar presentes en ese momento, sin necesidad de resolver nada.
Cuando terminó la meditación, permanecieron unos instantes en silencio.
Después comenzaron a comentar cómo se sentían.
Las tres coincidieron en algo sencillo: estaban más tranquilas.
La mente parecía haberse desacelerado y aquellas preocupaciones que antes ocupaban tanto espacio ya no se sentían igual. No habían encontrado respuestas nuevas ni podían saber qué ocurriría con aquello que cada una tenía pendiente, pero al menos habían recuperado un poco de calma.
Y desde ese lugar, mucho más sereno, llegó el momento de preparar el té.
🌿 El té de la noche: Laurel
Después de la meditación, las tres permanecieron unos momentos tranquilas, disfrutando de esa sensación de calma que había quedado en el ambiente.
Lía se levantó despacio y fue a preparar el té.
En la cocina comenzó a colocar las tazas blancas sobre la mesa. Una por una, las fue llenando con el té de laurel que había elegido para aquella noche.
Cuando estuvo listo, llevó las tazas hasta donde estaban sus amigas y las colocó frente a cada una.
—Bueno, ahora sí —dijo Lía con una sonrisa—. Vamos a seguir platicando, pero ahora disfrutando nuestro té.
Cada una tomó su taza entre las manos.
—Qué rico huele —comentó Nara, acercando un poco la taza.
—A ver si ahora sí adivinan qué escogí —dijo Lía, divertida.
Vera miró su taza y luego la hoja de laurel que había quedado en el fondo.
—Pues yo ya sé que es laurel —respondió entre risas.
—¡Ay, no! —contestó Lía—. Así no tiene chiste.
Las tres rieron.
Por unos instantes simplemente se quedaron ahí, saboreando el té y disfrutando de la compañía. La conversación continuó de manera tranquila, pasando de un tema a otro como solía ocurrir cuando estaban juntas.
Ya no hablaban desde la preocupación de los días anteriores, sino desde un lugar mucho más ligero. La meditación había dejado una sensación de calma y ahora podían simplemente estar ahí, compartiendo.
Y así, entre una taza de té caliente, una hoja de laurel en el fondo y una buena conversación entre amigas, continuaron compartiendo aquella noche.
🍃 Una semana después...
Finalmente llegó el día del trámite de Nara.
Y ocurrió algo que para ella significó mucho.
Su visa fue renovada con éxito.
Todo había salido bien.
Nara compartió la noticia con sus amigas y seguramente hubo alegría y alivio.
Pero quizá lo más importante no fue solamente que la visa hubiera sido renovada.
Fue recordar todo lo que había ocurrido antes.
Los días de preocupación.
Los escenarios que había imaginado.
El miedo a que su cambio de trabajo pudiera convertirse en un problema.
Y aquella conversación en la que sus amigas le habían recordado algo que a veces todos necesitamos escuchar:
Confía.
No porque podamos saber con certeza qué sucederá.
Sino porque no podemos vivir intentando controlar cada resultado.
Podemos prepararnos.
Podemos actuar.
Podemos pensar de una manera más consciente.
Podemos afirmar aquello que queremos cultivar dentro de nosotros.
Y después...
podemos soltar.
🍵 Preparación tradicional del té de laurel
Ingredientes:
- 1 taza de agua.
- 1 o 2 hojas de laurel secas.
Preparación:
- Calienta el agua hasta que llegue al punto de hervor.
- Retira del fuego.
- Agrega las hojas de laurel.
- Tapa y deja reposar entre 5 y 10 minutos.
- Retira las hojas y sirve.
El laurel es una planta aromática muy conocida por su uso culinario. Sus hojas se utilizan para aportar aroma y sabor a diferentes preparaciones y, en distintos lugares, también existe una tradición de preparar sus hojas en infusión.
El sabor del laurel es intenso y aromático, por lo que algunas personas prefieren preparar una infusión suave.
El laurel utilizado en cocina es Laurus nobilis. Es importante no confundirlo con otras plantas llamadas “laurel”, como el laurel cerezo, que puede ser tóxico. Por eso, cuando se utilicen plantas para preparar infusiones, es importante conocer correctamente su identificación.
El uso tradicional de una planta tampoco significa que una infusión pueda sustituir un tratamiento médico.
🌙 Afirmaciones: sembrar confianza con nuestras palabras
Desde una mirada metafísica, las afirmaciones son una manera de poner intención en nuestros pensamientos y palabras.
Dentro de esta visión espiritual, lo que expresamos es como una semilla que sembramos en nuestro interior. Cuando repetimos una frase con atención y sentimiento, estamos eligiendo qué queremos cultivar: confianza, calma, amor o gratitud.
Por eso, afirmar no consiste solamente en decir palabras bonitas. También implica observar cómo nos hablamos y si nuestras acciones acompañan aquello que deseamos vivir.
Si durante el día nos repetimos:
“No voy a poder.”
“Seguro algo sale mal.”
“No soy suficiente.”
Podemos hacer una pausa y preguntarnos:
¿Es esta la voz con la que quiero acompañarme?
No necesitamos ignorar lo que sentimos. Podemos reconocer el miedo y, al mismo tiempo, elegir palabras que nos sostengan:
“Confío en mí aunque todavía tenga miedo.”
“Hoy hago mi parte y me permito soltar lo que no puedo controlar.”
“Me abro a nuevas posibilidades, aunque todavía no conozca el camino.”
Estas frases pueden convertirse en un pequeño recordatorio de la intención con la que queremos vivir.
🌱 Afirmar, actuar y soltar
En algunas prácticas metafísicas se habla de confiar en la vida, en el Universo o en una presencia divina. Cada persona puede comprender esa confianza según sus propias creencias.
Para Vera, era una manera de recordar que no necesitaba tener todas las respuestas para dar el siguiente paso.
Podía expresar lo que deseaba, actuar con responsabilidad y después permitir que el proceso siguiera su curso.
Eso era precisamente lo que Nara estaba aprendiendo.
Ella deseaba que su visa fuera renovada. Había realizado su trámite y hecho lo que estaba en sus manos. Ahora necesitaba acompañar la espera sin llenar cada día de pensamientos de preocupación.
Su afirmación podía ser:
“Confío en mí. He hecho mi parte y ahora elijo esperar en calma. Pase lo que pase, encontraré la manera de seguir adelante.”
Repetir esas palabras no le permitía decidir el resultado del trámite, pero sí le ofrecía una intención a la cual regresar cuando apareciera el miedo.
Podía respirar, colocar una mano sobre su corazón y decirlas despacio, escuchando lo que significaban para ella.
Quizá al principio todavía sentiría dudas.
Y estaba bien.
La confianza también puede cultivarse poco a poco.
Como una semilla, necesita atención y cuidado. Podemos nutrirla con nuestras palabras, con decisiones conscientes y con pequeños actos que nos recuerden que somos capaces.
Aquella noche, entre la meditación y las tazas de laurel, las tres encontraron una intención sencilla para llevar consigo:
“Hoy siembro confianza en mi interior. Camino con lo que sé, hago lo que puedo y me permito recibir lo que la vida traiga.”
🧘♀️ Meditación recomendada
Para acompañar esta taza, puede utilizarse la meditación:
“Meditación guiada: Suelta el control y confía – 9 minutos Mindfulness”
Es una práctica breve enfocada precisamente en reconocer la necesidad de controlar, soltar aquello que está fuera de nuestro alcance y recuperar un estado de mayor calma.
Canal: Encontrando el balance en mi vida
Duración: aproximadamente 9 minutos
Tema: soltar el control, confianza y calma.
Es una buena opción para escuchar después de preparar el té, cuando ya se ha terminado la conversación y se busca unos minutos para volver al presente.
Nota: como cualquier meditación guiada, puede vivirse como una práctica personal de relajación y reflexión; no sustituye atención psicológica o médica.
🌱 Consejos prácticos para aprender a confiar
A veces pensamos que confiar significa dejar de preocuparnos por completo.
Pero no funciona así.
Confiar también puede ser aprender a relacionarnos de otra manera con aquello que nos preocupa.
1. Pregúntate: ¿esto depende de mí?
Cuando aparezca una preocupación, intenta dividirla en dos partes:
Lo que sí puedo hacer.
Lo que ya no depende de mí.
Haz lo primero.
Y practica soltar lo segundo.
2. No conviertas una posibilidad en una realidad
Pensar:
“¿Y si algo sale mal?”
no significa que algo vaya a salir mal.
Es solamente una posibilidad.
Puedes reconocerla sin convertirla en una certeza.
3. Cambia la pregunta
En lugar de:
“¿Qué voy a hacer si todo sale mal?”
puedes preguntarte:
“¿Qué puedo hacer hoy con lo que sí está en mis manos?”
La segunda pregunta devuelve la atención al presente.
4. Utiliza afirmaciones que puedas creer
No necesitas repetir una frase que sientas completamente alejada de tu realidad.
Si decir “todo saldrá perfecto” no te resulta natural, prueba con:
“Puedo afrontar lo que venga.”
“Estoy haciendo mi parte.”
“No necesito saber todavía cómo terminará.”
“Puedo esperar sin adelantarme al problema.”
5. Recuerda las veces que ya pudiste
Cuando aparezca la duda sobre tus capacidades, recuerda situaciones anteriores que lograste atravesar.
No para decirte que todo será igual.
Sino para recordar algo importante:
ya has enfrentado cosas que alguna vez también te dieron miedo.
6. Haz una pausa antes de alimentar el pensamiento
Respira.
Observa lo que estás pensando.
Pregúntate:
“¿Esto está sucediendo ahora o estoy imaginando lo que podría suceder?”
A veces esa pequeña pausa cambia completamente nuestra relación con la preocupación.
💫 La intención de esta taza
Hoy elijo confiar.
Confío en mí, en mis capacidades y en todo lo que he aprendido a lo largo del camino.
Hago mi parte con responsabilidad y después me permito soltar aquello que ya no está en mis manos.
No necesito conocer cada detalle del futuro para sentirme tranquila en el presente.
Puedo cuidar mis pensamientos, elegir palabras que me ayuden y recordar que un pensamiento no es necesariamente una realidad.
Hoy dejo espacio para la calma.
Dejo espacio para la confianza.
Y me permito recordar que, cualquiera que sea el resultado, tendré la capacidad de afrontarlo.
🌙 Reflexión
Quizá la Taza #20 les había enseñado a mirar el control.
Esta taza les estaba mostrando el otro lado de esa misma moneda.
La confianza.
Porque cuando dejamos de intentar controlar aquello que no depende de nosotros, queda un espacio que podemos llenar con miedo...
o con confianza.
No siempre será fácil.
Habrá días en los que volverán las dudas, las preocupaciones y esos pensamientos que se adelantan a los acontecimientos.
Pero ahora sabían algo más.
Podían detenerse.
Respirar.
Observar lo que estaban pensando.
Cambiar la conversación interna.
Y recordar que todavía no conocían el final de la historia.
A veces confiar no significa saber que todo saldrá exactamente como queremos.
Significa saber que, pase lo que pase, podemos encontrar la manera de seguir adelante.
Y quizá esa sea una de las formas más bonitas de soltar el control:
no dejar de cuidar nuestra vida,
sino dejar de exigirle que nos muestre el resultado antes de tiempo.
⚠️ Nota importante
La información compartida en este espacio tiene únicamente fines informativos, culturales y de experiencia personal alrededor del uso tradicional de las plantas e infusiones.
Té con Intención no busca sustituir recomendaciones médicas, diagnósticos ni tratamientos profesionales. Cada persona es responsable del consumo de cualquier planta o infusión mencionada dentro del blog y se recomienda informarse adecuadamente antes de utilizarla, especialmente si padece alguna enfermedad, está embarazada, en periodo de lactancia o consume medicamentos.
Lizeth Cruz
Autora de Té con Intención
🌿 Nos vemos en la cima, cualquiera que sea tu cima.


