Después de una semana en la que habían hablado de esos pequeños vínculos que terminan formando parte de nuestra vida cotidiana, las tres amigas volvieron a encontrarse alrededor de una taza de té.
Esta vez, sin embargo, la conversación comenzaría mucho antes de que el agua llegara a hervir.
Cuando algo pequeño comienza a ocupar demasiado espacio
Lía estaba trabajando desde casa en uno de esos proyectos que requerían toda su concentración.
Era un trabajo minucioso. Necesitaba estar atenta a cada detalle y, sobre todo, evitar errores.
Pero aquel día algo no estaba funcionando.
Intentaba concentrarse y volver al punto en el que había dejado su trabajo, pero su mente parecía ir por otro lado. Era uno de esos días en los que algo se sale de control y después cuesta muchísimo volver a empezar.
Lía lo estaba intentando.
Aunque había una palabra que a su mente perfeccionista no le gustaba demasiado:
intentar.
Para ella, muchas veces "intentar" significaba "no hacerlo".
Y esa manera tan exigente de pensar era algo con lo que llevaba tiempo aprendiendo a lidiar.
Después de insistir un rato, decidió detenerse.
Sabía que si continuaba trabajando de aquella manera podía terminar echando a perder lo que ya había hecho o cometer un error por falta de concentración.
Así que salió unos minutos y se sentó en una banca frente a su casa.
Necesitaba que su mente descansara.
Poco a poco comenzó a relajarse.
Hasta que una música muy fuerte interrumpió aquel momento de calma.
Venía de una casa vecina.
No era algo que ocurriera normalmente durante el día. Lía estaba acostumbrada a escuchar música fuerte durante los fines de semana, cuando muchas personas aprovechaban sus días de descanso, pero aquella vez era entre semana y todavía era de día.
—Alguien amaneció contento —pensó.
Intentó regresar a sus pensamientos.
Pero la música seguía.
Y no solamente estaba alta.
La misma canción comenzó a repetirse una y otra vez.
Lía terminó prestándole atención.
Quería saber qué decía.
Y cuando comprendió el mensaje de la canción, algo dentro de ella cambió.
No porque no entendiera la letra.
La entendía perfectamente.
Lo que no entendía era cómo alguien podía escuchar aquello y, además, compartirlo a todo volumen.
Comenzó a juzgar.
Primero a la canción.
Después a quien la escuchaba.
Y finalmente a todas aquellas personas que, desde su perspectiva, podían escuchar mensajes así sin preocuparse por quienes estuvieran alrededor.
Pensó en los niños que podían estar escuchando.
Pensó en lo que los jóvenes podían aprender de ese tipo de música.
Y, sin darse cuenta, aquello que había comenzado como una canción que sonaba demasiado fuerte terminó ocupando completamente su mente.
Lía estaba sentada frente a su casa, pero su atención ya no estaba ahí.
Estaba dentro de la casa de su vecino.
En su música.
En sus decisiones.
En sus gustos.
En algo que ella no podía controlar.
Entonces decidió escribirles a sus amigas.
—Hoy estoy harta, harta de escuchar la misma canción una y otra vez.
Nara respondió casi inmediatamente.
—¡Hola! ¿Qué pasa? ¿Qué canción? ¿Por qué?
—Un vecino que está poniendo una y otra vez la misma canción —contestó Lía.
Y continuó explicando lo que le molestaba.
Para ella, el problema no era solamente el volumen. Era el mensaje.
No podía entender que alguien quisiera compartir aquello con todo el vecindario.
Nara la escuchó.
—No sé de qué música hablas, pero por lo que dices no suena nada bien.
Lía siguió quejándose.
—He visto chicos a los que ahora les gusta música con mensajes muy raros —comentó Nara—. Pero así son las nuevas generaciones.
—¡Pero esa música! —insistió Lía.
—Es que está de moda. Está por todos lados. No hay mucho que hacer al respecto.
La conversación terminó ahí.
Pero la frase de Nara se quedó dando vueltas en la cabeza de Lía.
Recordó que alguna vez había escuchado a sus propios sobrinos con música que en ese momento no le gustaba.
Y entonces apareció una pregunta incómoda:
¿Estaré exagerando?
No cambió de opinión sobre aquella canción.
Pero decidió dejar el tema.
Aunque todavía no se daba cuenta de que aquella situación solamente era el primero de varios momentos de la semana en los que su paciencia estaría a prueba.
Cuando los planes cambian
Al día siguiente, Lía había quedado de pasar por Vera a la escuela donde estaba estudiando.
A Lía le gustaba bromear con que Vera era una "eterna estudiante", porque terminaba un estudio y comenzaba otro.
A Vera le encantaba aprender.
Mientras Lía se dirigía hacia la escuela, recibió un mensaje.
—No saldré a las dos como te dije. Nos atrasamos y saldré una hora más tarde.
Lía sintió inmediatamente la molestia.
No le gustaba esperar.
Y mucho menos que cambiaran sus planes de un momento a otro.
Pero no tenía otra opción.
Tendría que esperar una hora.
Aquellas situaciones eran precisamente las que sacaban a Lía de quicio.
Y lo más interesante era que ella misma sabía que su reacción tenía mucho que ver con su manera estructurada de pensar.
Le gustaba saber qué iba a ocurrir.
Le gustaba organizar sus tiempos.
Le gustaba cumplir lo acordado.
Y cuando algo cambiaba de repente, sentía que algo dentro de ella también se desordenaba.
La conversación que hizo que todo encajara
Llegó finalmente el día del té.
Como siempre, comenzaron hablando de lo que había ocurrido durante la semana.
Trabajo, pendientes, cosas cotidianas y pequeñas historias que iban apareciendo en la conversación.
Hasta que volvió a surgir el tema de la hora que Vera había cambiado.
Lía reconoció que aquello era una de las cosas que menos toleraba.
—No me hace bien ser así —comentó—. Siento que soy muy poco flexible.
Nara sonrió.
—A mí mi hermana Andrea me hace lo mismo. También me molesta muchísimo, aunque creo que no tanto como a ti.
Las tres rieron.
Pero aquella pequeña conversación hizo que Lía comenzara a unir algunas piezas.
La canción del vecino.
La necesidad de juzgar lo que los demás escuchaban.
La preocupación por lo que otros debían o no debían hacer.
La molestia porque Vera había cambiado una hora.
La necesidad de que las cosas ocurrieran de una determinada manera.
Durante aquella semana había tenido muy poca paciencia.
Y también muy poca tolerancia.
Pero quizá lo más importante era darse cuenta de algo:
Había estado poniendo demasiada atención en situaciones que no estaban bajo su control.
Había gastado energía en cosas que no podía cambiar.
Y, mientras se quejaba de ellas, su vecino probablemente estaba disfrutando de su música.
Vera simplemente había necesitado una hora más.
Y ninguna de esas situaciones tenía por qué definir el resto de su día.
Lía se quedó pensativa.
Se sentía un poco mal al reconocerlo, pero al mismo tiempo había algo liberador en darse cuenta.
Porque reconocerlo significaba que podía comenzar a trabajar en ello.
—Lo que no se puede ver no se puede arreglar —dijo finalmente—. Y ya vi que esta semana tuve muy poca paciencia y tolerancia con situaciones que están fuera de mi alcance.
Hizo una pequeña pausa.
—Lo único que puedo hacer es permitir y aceptar que cada quien vive como quiere y entender que una situación no tiene por qué definir mis días.
Nara y Vera asintieron.
No hacía falta decir mucho más.
Quizá ninguna de las tres tenía una respuesta definitiva para aprender a ser más tolerante.
Pero sí podían empezar por algo sencillo:
respirar antes de reaccionar.
—Entonces respiremos —dijo Nara—. Y meditemos.
Volver al centro
Las tres se acomodaron para relajarse.
Pusieron música suave de fondo y cerraron los ojos.
Durante unos minutos dejaron que los pensamientos fueran perdiendo fuerza.
No intentaron resolver nada.
No intentaron cambiar a nadie.
Simplemente respiraron.
Poco a poco, la tensión acumulada durante la semana comenzó a disminuir.
Aquellos momentos de silencio eran parte de lo que más disfrutaban de sus reuniones.
Podían llegar con la mente llena y salir un poco más ligeras.
Cuando terminó la meditación, se estiraron y regresaron lentamente al momento presente.
Las tres coincidieron en que aquellos minutos les habían ayudado a tranquilizarse.
Y entonces llegó el momento de preparar el té.
🍵 El orégano de Nara
Nara se dirigió a la cocina de Vera.
Tomó la tetera roja y colocó dentro las hojas de orégano que había escogido para aquella reunión.
El aroma comenzó a llenar la cocina.
Esta vez no había necesidad de adivinar qué planta era.
El olor lo decía todo.
Las tres sonrieron mientras Nara terminaba de preparar las tazas.
Finalmente se sentaron nuevamente.
El té estaba listo.
Y algo curioso había cambiado.
Seguían hablando de los mismos temas.
Seguían existiendo los problemas del trabajo, las cosas que las molestaban, los cambios inesperados y las personas que hacían las cosas de maneras diferentes a las que ellas hubieran elegido.
Pero ahora estaban hablando desde otro lugar.
No porque hubieran encontrado la manera de controlar todo.
Sino porque habían recordado que no todo necesita ser controlado.
A veces la tolerancia no consiste en estar de acuerdo.
Tampoco significa permitir que los demás pasen por encima de nuestros límites.
A veces simplemente significa aceptar que existen cosas que no dependen de nosotros.
Y decidir dónde queremos poner nuestra atención.
🌿 El té de la noche: Orégano
Escogido por Nara
El orégano es una planta aromática muy conocida en la cocina y también forma parte de distintas tradiciones de uso herbal. Es importante recordar que en México el nombre "orégano" puede utilizarse para distintas plantas, por lo que no siempre se está hablando de una única especie. Entre las especies conocidas internacionalmente se encuentra Origanum vulgare, perteneciente a la familia Lamiaceae.
Su aroma intenso y característico fue precisamente lo que hizo especial aquella taza: apenas Nara comenzó a prepararlo, las tres supieron inmediatamente qué estaban tomando.
¿Para qué se ha utilizado tradicionalmente?
El orégano ha tenido diferentes usos tradicionales en distintas culturas, principalmente como planta culinaria y en preparaciones herbales. Las investigaciones modernas han estudiado sus componentes, entre ellos compuestos fenólicos y aceites esenciales como el carvacrol y el timol. Sin embargo, que una sustancia presente actividad en estudios de laboratorio no significa que una infusión de orégano pueda utilizarse como tratamiento médico.
Por eso, en Té con Intención preferimos acercarnos a las plantas desde su historia, sus usos tradicionales y el placer de preparar una infusión, sin atribuirles propiedades medicinales que no estén suficientemente demostradas.
🍵 Preparación tradicional de una infusión de orégano
Ingredientes:
- 1 taza de agua.
- 1 cucharadita de orégano seco, o una pequeña cantidad de orégano fresco.
Preparación:
- Calienta el agua hasta que llegue a ebullición.
- Retira del fuego.
- Agrega el orégano.
- Tapa la taza y deja reposar aproximadamente entre 5 y 10 minutos.
- Cuela y disfruta caliente.
El orégano utilizado como condimento alimentario tiene un historial amplio de uso, pero las preparaciones concentradas, extractos y aceites esenciales no son equivalentes a una taza de infusión y requieren consideraciones diferentes. Además, existen personas que pueden presentar alergia a plantas de la familia de las mentas, donde se encuentra el orégano.
🌿 ¿Qué significa realmente ser tolerantes?
A veces pensamos que ser tolerantes significa aguantar todo.
Pero no es así.
La tolerancia puede relacionarse con la capacidad de aceptar que otras personas tienen formas diferentes de pensar, actuar, vivir o tomar decisiones. La Asociación Americana de Psicología define la tolerancia, entre otros sentidos, como una actitud de aceptación hacia personas cuyas acciones, creencias o costumbres son diferentes de las propias.
En la vida cotidiana también podemos hablar de otra clase de tolerancia: la capacidad de permanecer relativamente tranquilos cuando algo no sucede como esperábamos.
Y ahí aparece la paciencia.
La psicóloga Sarah Schnitker explica que, desde la psicología, la paciencia implica poder mantenerse calmado mientras enfrentamos frustración, adversidad o situaciones que requieren esperar. También diferencia la paciencia de la pasividad: ser paciente no significa dejar de actuar cuando realmente necesitamos hacerlo.
Esto resulta especialmente interesante en la historia de Lía.
Ella no necesitaba aprender a tolerar cualquier cosa.
No tenía que fingir que le gustaba una canción que consideraba desagradable.
Tampoco tenía que renunciar a sus límites.
Lo que necesitaba observar era cuánta energía estaba entregando a algo que no podía controlar.
🧠 ¿Y qué tiene que ver la meditación?
La experiencia de las tres aquella noche también tiene relación con algo que se ha estudiado en psicología: la regulación emocional.
Regular una emoción no significa eliminarla. Significa poder modificar su intensidad o duración y elegir cómo responder ante ella.
Diversos estudios sobre mindfulness han encontrado cambios en aspectos relacionados con la atención, la regulación emocional y la respuesta ante el estrés. Por ejemplo, un ensayo aleatorizado encontró que un programa de ocho semanas de mindfulness produjo mejoras en atención consciente, autocompasión y algunas dificultades relacionadas con la regulación de las emociones.
Esto no significa que meditar vaya a convertirnos automáticamente en personas pacientes.
Pero sí ayuda a comprender por qué una pausa consciente puede ser útil.
A veces entre lo que sucede y nuestra reacción existe un pequeño espacio.
Respirar puede ayudarnos a encontrarlo.
Y en ese espacio podemos preguntarnos:
¿Esto realmente necesita mi energía?
🧘♀️ Meditación recomendada
Para acompañar esta taza, recomiendo una meditación guiada específicamente relacionada con paciencia y aceptación:
“Meditación guiada Paciencia y Aceptación – 10 minutos Mindfulness”, del canal Encontrando el balance en mi vida.
Es una práctica breve que trabaja precisamente la calma, la aceptación y la paciencia, por lo que combina bien con el tema de esta taza.
Puedes colocarla después de la preparación del té, como una práctica independiente.
Referencia:
Meditación guiada Paciencia y Aceptación – YouTube
🌱 Consejos prácticos para cultivar la tolerancia
1. Pregúntate si realmente vale la pena gastar energía en eso
Antes de entrar en una discusión o permitir que algo pequeño arruine tu día, puedes preguntarte:
¿Esto estará importándome mañana?
Si la respuesta es no, quizá no merece ocupar tanto espacio hoy.
2. Diferencia entre aceptar y estar de acuerdo
Aceptar que alguien piensa diferente no significa pensar igual.
Puedes decir:
"No estoy de acuerdo con esto, pero no necesito pelear con la existencia de esa diferencia."
La tolerancia no elimina nuestras opiniones.
Nos ayuda a convivir con las diferencias.
3. Observa cuándo necesitas tener todo bajo control
A veces el problema no está únicamente en lo que ocurre, sino en nuestra necesidad de que las cosas sucedan exactamente como las imaginamos.
Cuando un plan cambia, prueba preguntarte:
¿Qué parte de esto sí puedo resolver y qué parte simplemente necesito aceptar?
4. Haz una pausa antes de responder
Cuando algo te moleste, no tienes que responder inmediatamente.
Respira.
Cuenta lentamente hasta diez.
Camina unos minutos.
Toma agua.
O simplemente guarda silencio mientras baja la primera reacción.
Ese pequeño espacio puede cambiar la respuesta que damos.
5. No confundas tolerancia con permitirlo todo
Hay situaciones que requieren límites.
Ser tolerante no significa aceptar faltas de respeto, violencia, abuso o comportamientos que dañan a otras personas.
La tolerancia tiene que convivir con el autocuidado.
6. Practica la tolerancia contigo misma
A veces somos mucho más exigentes con nosotros que con cualquier otra persona.
Lía se dio cuenta de que su propia manera de pensar también necesitaba paciencia.
Quizá la tolerancia comienza precisamente ahí:
permitirnos ser humanos, equivocarnos, cambiar de opinión y volver a intentarlo sin convertir cada error en un juicio contra nosotros mismos.
✨ La intención de esta taza
Hoy elijo observar antes de reaccionar. Me permito reconocer aquello que no puedo controlar y dejar de entregar mi energía a situaciones que no dependen de mí. Aprendo a respetar las diferencias, a ser paciente conmigo y con los demás, y a recordar que no todo necesita una respuesta.
🌿 Una última reflexión
Hay días en los que creemos que nuestro malestar viene de una sola cosa.
Una canción.
Una persona.
Un cambio de planes.
Una espera.
Una palabra.
Y quizá algunas veces sea así.
Pero otras veces descubrimos que aquello que nos molestó solamente fue la última gota de un vaso que ya estaba lleno.
Lía pensaba que estaba enojada con la música de su vecino.
Después descubrió que también estaba molesta porque Vera había cambiado sus planes.
Y al mirar un poco más profundamente se dio cuenta de que llevaba varios días intentando que las cosas ocurrieran de una determinada manera.
Quizá la verdadera pregunta no era:
¿Por qué los demás hacen cosas que me molestan?
Sino:
¿Por qué permito que cosas que no puedo controlar ocupen tanto espacio dentro de mí?
No siempre podemos elegir lo que sucede.
No podemos decidir qué música escucha el vecino.
No podemos controlar si alguien cambia una hora.
No podemos conseguir que todas las personas piensen como nosotros.
Pero sí podemos decidir cuánto tiempo queremos permanecer atrapados en aquello.
Podemos poner un límite cuando sea necesario.
Podemos expresar lo que pensamos.
Podemos actuar cuando algo realmente requiere nuestra acción.
Y también podemos elegir no participar en cada batalla que aparece frente a nosotros.
Quizá la tolerancia no consiste en soportarlo todo.
Quizá consiste en aprender a distinguir.
Qué merece nuestra atención.
Qué necesita un límite.
Qué podemos cambiar.
Y qué simplemente necesitamos dejar pasar.
Aquella noche las tres no habían solucionado todos los problemas de sus vidas.
Pero después de respirar, meditar y compartir una taza de orégano, algo había cambiado.
Seguían siendo ellas.
Seguían teniendo opiniones.
Seguían teniendo cosas que las molestaban.
Solo que ahora podían mirarlas desde un lugar un poco más tranquilo.
Y quizá eso también sea una forma de volver a nuestro centro.
⚠️ Nota importante
La información compartida en este espacio tiene únicamente fines informativos, culturales y de experiencia personal alrededor del uso tradicional de las plantas e infusiones.
Té con Intención no busca sustituir recomendaciones médicas, diagnósticos ni tratamientos profesionales. Cada persona es responsable del consumo de cualquier planta o infusión mencionada dentro del blog y se recomienda informarse adecuadamente antes de utilizarla, especialmente si padece alguna enfermedad, está embarazada, en periodo de lactancia o consume medicamentos.
Las reflexiones relacionadas con la paciencia, la tolerancia, la aceptación y la meditación se comparten con fines informativos y de experiencia personal. No sustituyen atención psicológica o médica profesional cuando esta sea necesaria.
Lizeth Cruz
Autora de Té con Intención
🌿 Nos vemos en la cima, cualquiera que sea tu cima.


