🍵 Taza 18 · Té de hierba del sapo: Darnos permiso para elegir nuestro propio camino - Té con intención

Para ti

jueves, 3 de septiembre de 2026

🍵 Taza 18 · Té de hierba del sapo: Darnos permiso para elegir nuestro propio camino


Aquel día Lía tenía que realizar un trámite en una dependencia de gobierno. Le habían hecho un cobro relacionado con un servicio de su casa y necesitaba aclarar la situación.


Vera todavía se encontraba en plena recuperación de su tobillo. Seguía utilizando muletas, llevaba el pie vendado y muchas de las cosas que antes hacía sin pensarlo ahora requerían tiempo, ayuda y paciencia. Después de tantos días entre el sillón y las mismas paredes de su casa, acompañar a Lía a realizar un trámite no parecía precisamente el paseo más emocionante del mundo, pero para Vera significaba algo distinto: salir un rato.


Así que decidió acompañarla.


Mientras Lía iba de un piso a otro tratando de encontrar a la persona correcta, preguntando aquí, esperando allá y subiendo y bajando escaleras, Vera permaneció afuera, sentada sobre el pequeño muro de una jardinera.


Tenía una pierna apoyada en el suelo y la otra completamente estirada frente a ella, como si estuviera exhibiendo aquel accidente que desde hacía semanas se había apoderado de buena parte de su rutina.


Pasó un buen rato hasta que Lía finalmente apareció.


Había conseguido resolver el problema hasta cierto punto y, aunque no todo había quedado exactamente como esperaba, salió relativamente conforme con el resultado.


Fue hasta donde estaba Vera para ayudarla a levantarse y juntas comenzaron el camino hacia el automóvil.


Entre las muletas y el cuidado que Vera tenía que tener con cada movimiento, avanzaban lentamente.


Entonces se dieron cuenta de que cerca de ahí había varios puestos ambulantes. Vendían joyería, artesanías y esas pequeñas cosas curiosas que a las dos les gustaba detenerse a mirar.


—Vamos a darnos una vueltecita —propuso Vera.


Lía la miró como recordándole silenciosamente el estado en el que se encontraba.


Pero Vera estaba dispuesta.


Después de tantos días sentada en casa, unas cuantas muletas no iban a impedirle curiosear un poco.


Y así comenzaron su recorrido.

Despacio.

Muy despacio.

Por una vez, tampoco había nada que las apurara.


Un pequeño colibrí

En uno de los puestos, Vera se detuvo.

Había varios colgantes pequeños en forma de colibrí elaborados con chaquira, esas diminutas cuentas de colores que, ensartadas una a una, pueden convertirse en figuras, adornos, pulseras y todo tipo de piezas artesanales.


Vera tomó uno para observarlo mejor.

—¿Son hechos de chaquira? —preguntó.

—Sí —respondió la mujer detrás del puesto.

—¿Y quién los hizo?

—Yo.

—¡Wow, qué hermosos! —dijeron Lía y Vera casi al mismo tiempo.


Vera continuó mirando el pequeño colibrí que tenía entre las manos.


Siempre le habían gustado. No solamente por su belleza, sino por todos aquellos significados que las personas les habían ido atribuyendo con el tiempo y con los que ella sentía cierta afinidad.


No necesitó pensarlo demasiado.


—Me lo llevo. Lo voy a colgar en mi carro.


Pagó su colibrí y siguieron caminando.


Unos puestos más adelante encontraron otro que inmediatamente capturó la atención de ambas.


Había inciensos, algunas hierbas y varias cajas de té.


A las dos se les fueron los ojos.


Lía comenzó a revisar las opciones y de pronto recordó algo.


Ese mismo día era jueves.


Había té.


Y esa semana le correspondía a ella elegirlo.


—De aquí voy a sacar el té de hoy —dijo mientras seguía mirando—. Y voy a escoger uno que no van a adivinar.


Vera sonrió.


Ella evidentemente quedaría eliminada del juego porque estaba presenciando la compra.


Lía siguió revisando hasta que encontró una caja que nunca antes había visto.


Hierba del sapo.

Solo el nombre despertó su curiosidad.


Nunca la había probado y tampoco recordaba haberse encontrado antes con un té llamado de aquella manera. La caja tenía una apariencia sencilla y natural que terminó por convencerla.


Este, pensó.


Si ella nunca lo había visto, seguramente Nara tampoco.


Lo compró sintiéndose bastante satisfecha con su elección.


En su mente, la sorpresa de aquella tarde estaba prácticamente garantizada.


O al menos eso creía.


De regreso a casa

Después de aquel pequeño paseo regresaron a casa.


Vera volvió a ocupar su lugar en el sillón mientras Lía comenzaba a organizar todo para la reunión.


Poco después llegó un mensaje al chat de las amigas.


Era Nara.


Les avisaba que estaba lista para el té, pero que esa vez llevaría a Andrea y a Mateo porque el pequeño había insistido en que quería ver a las amigas de su tía.


—Muy bien —respondió Lía—. Acá los esperamos.


Lía comenzó entonces a preparar algo de comer. Hizo un guisado y agua de jamaica para ofrecerles cuando llegaran.


Vera la observaba desde el sillón.


A pesar de que ya habían pasado varias semanas desde la lesión, todavía le costaba quedarse sentada viendo cómo alguien más hacía todo.


Aquel tobillo vendado era el causante de toda la escena.


—Relájate —le dijo Lía al notar su inquietud—. Yo me encargo. Estamos en confianza.


Vera no tenía demasiadas alternativas.


Tendría que seguir aprendiendo a dejarse ayudar.


Al poco rato llegaron Nara, Andrea y Mateo.


Como ocurría casi siempre que veía a Lía y Vera, Mateo entró emocionado. Sonrió y fue a abrazarlas.


Observó el pie vendado de Vera, pero no pareció sorprenderse. Nara ya le había contado lo que había sucedido y él sabía por qué Vera tenía el pie así y caminaba con muletas.


Andrea, por su parte, había llevado algunas cosas para que Mateo comiera. No sabía que Lía también se había puesto en acción y ya tenía comida preparada para recibirlos.


Así que entre lo que una había llevado y lo que la otra había cocinado, comenzaron aquella tarde alrededor de la mesa.


Y como sucedía tantas veces en sus reuniones, nadie habría podido decir exactamente en qué momento una conversación terminó convirtiéndose en otra.


Hablaron de algunas cosas cotidianas, de lo que había ocurrido durante la semana, del resfriado que Mateo había tenido unos días antes y del cansancio que Andrea acumulaba después de haber estado pendiente de él.


Hasta que la conversación tomó uno de esos caminos que probablemente solo tenían sentido dentro de aquellas reuniones.


¿Qué estamos creando con nuestra vida?

En algún momento comenzaron a hablar de creatividad.

De lo femenino.

De energía.


Y Vera mencionó algo que había estado explorando desde una mirada espiritual: la sanación del útero a través de la creatividad.


Era una expresión que podía resultar difícil de comprender.


Andrea, que cada vez que se reunía con ellas participaba, preguntaba y quería entender de qué estaban hablando, mostró interés.


La conversación no se refería a sanar físicamente una enfermedad del útero mediante la creatividad. Hablaban desde un significado simbólico: del útero como un espacio asociado con gestar y crear, y de la posibilidad de llevar esa idea más allá de la maternidad.


Porque crear no necesariamente significaba traer un hijo al mundo.


También podían crearse ideas.

Proyectos.

Sueños.

Cambios.

Nuevos comienzos.

Incluso una manera diferente de vivir.


Vera hablaba de utilizar esa energía creadora para la propia vida. De enfocar aquello que queríamos, manifestarlo, permitirnos soltar partes del pasado y permanecer abiertas a los caminos que, desde su manera de entenderlo, el universo podía ir mostrando.


Pero entre todas aquellas palabras hubo una que comenzó a tomar un peso diferente.


Elegir.

Quizá porque Vera llevaba semanas intentando hacerlo.


Desde que se había lastimado el tobillo y su vida se había detenido de manera tan abrupta, había tenido demasiado tiempo para pensar.


Y entre todas aquellas preguntas había una que regresaba una y otra vez:


¿Hacia dónde quiero dirigir mi vida?

Vera tenía una profesión.


Existía un camino conocido, socialmente comprensible y probablemente más seguro. Pero también había comenzado a acercarse a otras actividades que le gustaban, cosas que estaban fuera de aquella estructura convencional y que no necesariamente representaban la misma seguridad.


Y no sabía qué hacer.

Una parte de ella miraba hacia aquello que había construido durante años.

Otra comenzaba a preguntarse qué ocurriría si se permitía explorar algo diferente.

Quizá por eso aquella tarde hablaba tanto de elegir.

No porque hubiera encontrado la respuesta.


Sino porque ella misma la estaba buscando.


—Creo que tenemos que aprender a elegir —comentó Vera—. Enfocarnos en lo que queremos, manifestarlo y también permitirnos soltar lo que ya no necesitamos para poder avanzar.


Para ella, cuando una persona enfocaba su intención comenzaban a abrirse caminos. Era su manera de entender la manifestación y la relación que sentía entre las decisiones personales y el universo.


Pero elegir no siempre resultaba tan sencillo.

Porque algunas decisiones parecían obligarnos a dejar atrás otras.

Y entonces surgían las dudas.

¿Qué pasa si me equivoco?

¿Y si dejo algo seguro por algo que después no funciona?

¿Y si aquello que deseo no es lo que debería estar haciendo?

¿Y si los demás no lo entienden?

Tal vez una de las partes más difíciles de elegir nuestro propio camino no sea descubrir qué queremos.

Quizá sea darnos permiso de quererlo.

Permitirnos considerar una posibilidad diferente sin sentir inmediatamente que estamos rechazando todo lo anterior.

Porque cambiar de dirección no necesariamente significa que nos equivocamos al elegir el camino previo.


Hay decisiones que pertenecieron perfectamente a una etapa de nuestra vida.

Nos enseñaron.

Nos sostuvieron.

Nos llevaron hasta determinados lugares.

Pero nosotros también cambiamos.

Y lo que alguna vez tuvo sentido puede dejar de tenerlo.

Vera todavía no sabía qué iba a elegir.

Su profesión no era el problema.

Tampoco lo eran aquellas nuevas actividades que estaba explorando.

El verdadero conflicto estaba dentro de ella:


¿Cuál de esos caminos sentía realmente suyo?


Y quizá todavía era demasiado pronto para responder.


A veces no necesitamos respuestas

Después de conversar durante un buen rato, llegó el momento de meditar.

Buscaron una posición cómoda y poco a poco la conversación fue desapareciendo.

Andrea estaba especialmente cansada.


Mateo había estado resfriado durante los días anteriores y ella había pasado jornadas pesadas cuidándolo y pendiente de cómo se sentía.


Cerraron los ojos.

Respiraron.

La habitación quedó en silencio.

Durante unos minutos cada una se quedó en su propio espacio.

Y en algún momento, sin proponérselo, Andrea se quedó dormida.

Cuando terminó la meditación y volvió poco a poco a darse cuenta de lo que ocurría alrededor, reconoció que estaba agotada.

Había llegado para compartir una tarde con ellas, había conversado, preguntado y participado como siempre.

Pero al cerrar los ojos, su cuerpo había pedido otra cosa.


Descanso.


Quizá aquella tarde no necesitaba descubrir nada.


No necesitaba visualizar el futuro ni encontrar una respuesta profunda.


Necesitaba dormir unos minutos.


Y estando entre personas con quienes se sentía en confianza, simplemente se permitió hacerlo.


El té que nadie iba a adivinar

Terminada la meditación, llegó el momento que Lía había estado esperando desde que salió de aquel puesto.


El té.


Fue a la cocina y comenzó a preparar las tazas.


Sacó los sobres de hierba del sapo mientras recordaba lo segura que había estado unas horas antes.


Nadie lo va a adivinar.


Vera sabía perfectamente cuál era porque había estado presente durante la compra, así que con ella no había misterio.


Pero Nara y Andrea...


Imposible.


Lía preparó cada taza y regresó con ellas.


Las entregó tratando de no revelar absolutamente nada.


Nara y Andrea comenzaron a observar la infusión y a percibir su aroma.


Lía las miraba con curiosidad, esperando escuchar alguna respuesta completamente equivocada.


Después regresó a la cocina para buscar su propia taza.


Y entonces escuchó la voz de Nara.


—¿Es hierba del sapo?


Lía se detuvo.


Por un instante creyó no haber escuchado bien.


Regresó inmediatamente.

—¿Qué?


Nara volvió a mirar su taza.


Andrea también parecía reconocerla.


—Sí, es hierba del sapo —confirmó.


A Lía casi se le saltaron los ojos.

—¿Cómo supieron?


No podía creerlo.

¿Cómo podían conocer precisamente aquel té que ella había descubierto apenas unas horas antes?


¿Cómo sabían incluso su nombre?


Todo el plan que había construido mentalmente frente a aquel puesto acababa de venirse abajo en segundos.

Entonces Nara y Andrea comenzaron a reír y le explicaron.


Tiempo atrás, su mamá había tenido problemas en los riñones y había utilizado infusiones de hierba del sapo como ayuda dentro de los remedios tradicionales que acostumbraba tomar. Ellas la habían visto prepararla muchas veces y habían percibido aquel aroma una y otra vez.


Por eso lo reconocieron.


Para Lía, la hierba del sapo había sido un descubrimiento de aquella mañana.


Para ellas, en cambio, era un olor conocido que formaba parte de un recuerdo familiar.


Lía las miró resignada.


—Bueno... se me cayó mi sorpresa.


Y todas comenzaron a reír.


Al final, el té que había escogido precisamente porque estaba segura de que nadie conocería había resultado ser uno de los más fáciles de identificar para dos de las personas que estaban sentadas alrededor de la mesa.



🍵 El té de la noche

Té de hierba del sapo

Escogido por Lía

La hierba del sapo es un nombre común que en México puede utilizarse para distintas plantas, por lo que es importante no asumir que todos los productos que llevan ese nombre contienen exactamente la misma especie.


En aquella reunión, Lía había comprado una caja de té de hierba del sapo preparada en sobres individuales. Lo que despertó su curiosidad no fue que estuviera buscando una planta para alguna necesidad en particular, sino justamente lo contrario: nunca la había visto y quería probar algo diferente.


Dentro de la herbolaria tradicional mexicana, plantas conocidas como hierba del sapo han sido utilizadas popularmente para diferentes propósitos. Sin embargo, esos usos tradicionales no deben confundirse con tratamientos médicos comprobados.


Y la propia historia de aquella tarde lo recuerda muy bien: que la mamá de Nara y Andrea hubiera utilizado esa infusión cuando tuvo problemas renales forma parte de su experiencia familiar, no constituye una recomendación para tratar enfermedades de los riñones.



🌿 Preparación


Como el té que compró Lía venía preparado en sobres individuales, la elaboración fue sencilla.


Calentó agua hasta llevarla cerca del punto de hervor, colocó un sobre de té de hierba del sapo en cada taza y agregó el agua caliente. Después dejó reposar la infusión durante unos minutos.


Antes de beberla, como acostumbraban hacer en aquellas reuniones, observaron el té y percibieron su aroma.


Solo que esta vez Lía no alcanzó siquiera a disfrutar demasiado de su misterio.


Nara ya tenía la respuesta.



🧘‍♀️ Meditación recomendada

¿Qué elegiría si me diera permiso?

Busca un lugar tranquilo y adopta una posición cómoda.

Cierra los ojos y comienza a respirar lentamente.

No intentes tomar ninguna decisión durante los primeros minutos. Simplemente observa cómo estás.

Después pregúntate:

¿Hay algo en mi vida que continúo haciendo únicamente porque alguna vez lo elegí?

No juzgues la respuesta.

Respira.

Ahora pregúntate:

¿Qué parte de mi vida todavía siento mía y quiero conservar?

Permite que aparezca lo que tenga que aparecer.

Después:

¿Hay algo que me gustaría explorar, pero todavía no me he dado permiso?

No pienses inmediatamente en las dificultades ni intentes descubrir cómo hacerlo.

Solo reconoce el deseo.

Y finalmente pregúntate:

Si no tuviera que decidir toda mi vida hoy, ¿cuál sería el siguiente paso que me gustaría dar?

Permanece unos minutos en silencio.

Quizá no aparezca ninguna respuesta.

También está bien.

Esta meditación no busca obligarnos a decidir, sino crear un espacio interior donde podamos escucharnos antes de hacerlo.


🌿 Reflexiones para llevar a nuestra vida

No necesitas tener todo resuelto para comenzar a cuestionarte. Preguntarte si todavía quieres algo no significa que tengas que abandonarlo inmediatamente. A veces la pregunta es simplemente el comienzo.


Cambiar no convierte el pasado en un error. Una decisión pudo ser adecuada para una etapa y dejar de serlo años después. Podemos agradecer lo que nos dio sin sentirnos obligados a permanecer ahí para siempre.


Distingue entre lo que quieres y lo que crees que deberías querer. Familia, sociedad, profesión, edad y circunstancias pueden influir en nuestras decisiones. Escucharlas no es malo; el problema aparece cuando nuestra propia voz deja de escucharse entre todas las demás.


Explorar no siempre significa abandonar. Podemos acercarnos a una nueva actividad, aprender algo o probar una dirección diferente sin destruir inmediatamente todo lo que ya hemos construido.


Permítete no saber. Hay etapas en las que todavía no tenemos una respuesta. La incertidumbre puede ser incómoda, pero también puede formar parte de un proceso de cambio.


Escucha también lo que necesita tu cuerpo. Andrea llegó aquella tarde dispuesta a participar y terminó dormida durante la meditación. A veces buscamos claridad cuando lo primero que necesitamos es descansar.



✨ La intención de esta taza

Hoy me doy permiso de preguntarme qué quiero. Honro las decisiones que me han traído hasta aquí y reconozco que también puedo cambiar, explorar y volver a elegir. No necesito conocer todo el camino para comenzar a escuchar hacia dónde quiero dirigir mis próximos pasos.


🌱 Reflexión 

A veces creemos que elegir nuestro propio camino significa tener perfectamente claro hacia dónde vamos.


Pero quizá no sea así.


Vera todavía no sabía qué iba a hacer.


No había decidido si volvería completamente hacia el camino profesional que conocía o si continuaría explorando aquellas otras actividades que comenzaban a despertar algo diferente en ella.


Su tobillo seguía vendado.


Todavía necesitaba ayuda para muchas cosas.


Y en su cabeza seguían existiendo más preguntas que respuestas.


Sin embargo, algo había comenzado a cambiar.


Se estaba permitiendo considerar que su vida no tenía que quedar definida para siempre por las decisiones que había tomado años atrás.


Podía volver a elegir.


No porque aquello que eligió antes estuviera mal.


No porque existiera un camino correcto y otro equivocado.


Sino porque ella también había cambiado.


Tal vez darnos permiso sea precisamente eso.


Dejar de exigirnos conocer desde ahora todo lo que ocurrirá y comenzar por preguntarnos qué queremos conservar, qué necesitamos dejar atrás y qué nos gustaría conocer de nosotros mismos en el camino.


Aquella tarde ninguna salió de la mesa con una fórmula para crear una vida perfecta.


Vera seguía teniendo dudas.


Andrea seguía cansada.


Lía había fracasado por completo en su intento de sorprenderlas con el té.


Y la vida seguía siendo exactamente eso: una mezcla de decisiones importantes, preguntas sin resolver, responsabilidades, cansancio, pequeños descubrimientos, risas inesperadas y personas con quienes podemos compartir todo lo anterior.


Quizá algunas decisiones importantes comiencen mucho antes del momento en que finalmente las tomamos.


Quizá comienzan el día en que nos damos permiso de preguntarnos si todavía queremos seguir por el mismo camino.



⚠️ Nota importante


La información compartida en este espacio tiene únicamente fines informativos, culturales y de experiencia personal alrededor del uso tradicional de las plantas e infusiones.


Té con Intención no busca sustituir recomendaciones médicas, diagnósticos ni tratamientos profesionales. Cada persona es responsable del consumo de cualquier planta o infusión mencionada dentro del blog y se recomienda informarse adecuadamente antes de utilizarla, especialmente si padece alguna enfermedad, está embarazada, en periodo de lactancia o consume medicamentos.


Las ideas relacionadas con energía, manifestación, simbolismo del útero y espiritualidad que aparecen en esta entrada forman parte de las conversaciones, creencias y experiencias personales de sus protagonistas y no se presentan como afirmaciones médicas o científicas.




Lizeth Cruz
Autora de Té con Intención

🌿 Nos vemos en la cima, cualquiera que sea tu cima.